Los datos sociales son la nueva moneda. En los últimos años esto ha quedado cada vez más claro. Mantener el funcionamiento de los mercados contemporáneos depende de la información que podemos extraer sobre potenciales consumidores

En este panorama, los medios tienen una posición muy peculiar en el contexto digital. Mientras que también utilizan datos para refinar la precisión de sus contenidos, buscando incentivar su consumo; también funcionan como espacios para recopilar información sobre sus audiencias. En algunos casos esta información puede representar una importante fuente de ingresos para las plataformas de comunicación.

Así, ser comunicador se ha complejizado. La práctica está atada a múltiples responsabilidades que no a todos conviene asumir y que, para los consumidores de estas plataformas casi nunca son evidentes. Dicho de otra manera: los consumidores a veces no sabemos ni qué exigir de los medios. 

Con esto en mente, hablé con Martina Spataro Tron, editora creativa de Ecoosfera y redactora para el periódico Milenio. Me interesaba conversar con ella por su particular formación como Licenciada en estudios y gestión de la cultura y participante del programa de maestría en periodismo sobre políticas públicas del CIDE. Su acercamiento al ejercicio de la comunicación no está exento de la constante autocrítica y reflexión sobre la responsabilidades que implica hacer pública la información. Estos son algunos fragmentos de esta conversación.

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Imagen: Milenio

Las responsabilidades del comunicador

“Hay que tratar de ser transparente,” explica Martina. 

Es muy importante poder enunciar de dónde se está partiendo. Hay una tendencia en las notas periodísticas en donde el autor está completamente afuera. No puedes hablar en primera persona; jamás tocarías eso. Y hay ahorita un rechazo a la crónica; pero, cuando tú pretendes abstraer [al sujeto que narra] le pones un filtro a la nota que la disocia de la persona que la generó; que dio ciertas cosas; que jerarquiza la información de cierta manera […] y entonces ya no se pueden hacer transparentes cosas que sí te interesaba evidenciar. En la medida de los posible hay hacerse transparente, buscando distintos formatos [para lograrlo]. […] Eso también es muy interesante, cómo la forma se antepone al fondo; por ejemplo, tener que cambiar ciertos titulares o textos para adaptarte a los formatos.

Esa es la primera responsabilidad que identifica, la segunda es verificar la información; además de ser ultra cuidadoso al citar a alguien; pues muchas veces los periodistas sacan de contexto las voces de otros para insertarlos en una estructura narrativa específica. 

En general, parece que nunca hay una responsabilidad con la persona que da las entrevistas, porque tu responsabilidad está con el lector; pero yo con eso no estoy del todo de acuerdo, porque existe algo no valorado en que hay alguien que te está abriendo su historia  […]  trataría, en la medida de lo posible, no escribir en términos de complacer a la persona [entrevistada] o darle lo que quería, pero sí hay una responsabilidad en ese intercambio que yo sí haría parte del proceso.

Rechazo a la crónica o hablar desde uno mismo

Su afirmación sobre que en el presente hay un rechazo a la crónica me resulta intrigante. Le pregunté por qué lo piensa.

Ha habido todo un conflicto […] por ejemplo, García Márquez que era el referente, por muchos años, del género […] En una de sus crónicas que se publicó en prensa para contar un problema de desabasto de agua en Venezuela, creó a un personaje ficticio […] esto se relaciona con un quiebre, que viene de una pretensión de objetividad, de verdad, y a veces la crónica se presta para meterte en detalles en donde se enuncia mucho más claramente la subjetividad. 

[…]

Hay una falta de reflexión sobre la verdad, aunque dicen que ya se superó la discusión […] sabemos que el hecho no existe sin un contexto que hace que este sea hecho y la lectura del mismo va a ser diferente desde mil perspectivas y eso de pronto no se toma en cuenta […] Hay una falta de responsabilidad en no entender que cuando tú publicas información, el conjunto de esa información sí termina estabilizando la realidad. Los medios hacen eso: estabilizar realidad y verdades y discursos. 

El periodismo tiene de pronto la ilusión de que es una energía para contrarrestar al poder […] Pero no: es en sí misma una fuerza que está equilibrando las cosas. No digo que esté mal; pero sí hay de pronto una abstracción en eso y en no ver que sí tiene un impacto la forma en la que narras una historia; en cómo jerarquizas la información; qué temas pones antes que a otros […] En el caso de la crónica creo que tiene que ver con eso: explotaron las cosas más de datos, de hecho y ya parecía que lo más interesante estaba en el número y no tanto en la narración […]. 

Entiendo ahora que el dato es la construcción más sólida y la narración es más elusiva; de manera que, en un contexto donde la información se consume a altas velocidades, privilegias el dato.

¿Se superó la discusión sobre la verdad?

En el contexto de las fake news, no pude evitar preguntarle si realmente se superó esta discusión entre comunicadores. Concordó conmigo en que aún queda mucho por decir:

Es fake news en cierta medida, pero no en otra; porque hay alguien enunciándose en ese lugar; pero esas metalecturas o análisis se escapan porque [los periodistas] están pensando en ‘un hecho’; pero podemos platicar del mismo hecho, mientras que el periodista que sacó la nota va a tener una lectura, pero quien está involucrado lo desmiente… y tal vez son las dos cosas simultáneamente […] Lo que he estado pensando mucho es que, en el asunto de la responsabilidad, la información es tanta que es casi imposible no ser tóxico y dedicarte a hacer información y ese tipo de preguntas son vitales.

El otro lado de las fake news, comento, es que mientras alguien responda consecuentemente con la información, se vuelven reales, no importa si son “falsas”.

Las dos caras de las fake news son ilusiones; aunque una siempre tiene más peso. hay hechos

No puedo evitar cuestionar esto. Pero su respuesta me convence:

Sí entiendo la necesidad de anclar las opiniones en una materialidad; si no la vida sería intransitable.

¿Dónde pones esos puntos?, le pregunto. ¿Qué es la verdad en tu práctica?

Creo que hay herramientas técnicas que se han desarrollado para tratar de darle peso a ciertas materialidades […] que, en su totalidad, nunca van a escapar a la duda; pero, bueno, te ayuda a tener una línea para saber por dónde ir acomodando los pies, mientras caminas en algo que está vacío.

A continuación, describe algunas cosas que uno debe tomar en cuenta:

  1. Entender muy bien el sistema dentro del cual estás investigando.
  2. Verificar o “entrevistar a todos los elementos que integran tu investigación.”
  3. Asumir responsabilidad en cómo enuncias a otras personas.
  4. Tratar de hacer transparente por qué te surgieron las preguntas que te surgieron, por qué las hiciste de cierta manera y no de otra.
  5. Estar abierto a confrontar lo que tú crees que sabes sobre tu objeto de investigación. Si en el proceso “no tienes esa apertura y solo quieres confirmar algo que para ti es importante, el ejercicio puede volverse peligroso.”
  6. Tener en cuenta que el impacto de lo que haces público puede ser diminuto; pero la suma de malas prácticas es muy fuerte.

Por otro lado, me dice:

Hacen falta más espacios para dar lugar al vacío. No dar respuestas está también muy bien. Y, a veces, en los espacios periodísticos se trata de, pues sí, de cerrar algo y no hacer evidente que gran parte de la materia con la que trabajas es vacío: es con lo que no conoces […] es importante hacer evidente que no tienes control de nada; por lo que tampoco deberías tener control de las historias.

El periodismo en México

Me cuenta Martina:

El periodismo en México jamás ha sido independiente. Eso es claro para cualquier comunicador: siempre hay límites; inconscientemente dejas de escribir de ciertas formas cuando hay patrocinadores, por ejemplo […] Los mecanismos de autocensura ya están bien sistematizados […] 

La banda se imagina que hay un teléfono rojo en la mesa central y contestan y es el jefe diciendo qué cambiar […] pero tampoco funcionan las cosas así: son cositas mucho más torpemente y menos macabramente engranadas [ríe]. No que no hayan algunas que sí están macabramente engranadas; pero muchos de los errores ya son cosas que se han hecho así desde su fundación […] Por otro lado, los periódicos independientes la pasan muy mal.”

[…]

En México, por otra parte hay mucha cancha para hacer muchas cosas, porque hay poca gente que hace verificación de datos; no hay chance para hacer investigaciones largas, el contenido no cumple con estándares muy altos […] Hay una oferta, de pronto, vacía; medios que se replican entre sí y se puede tratar de pensar en ocupar otros espacios. No está nada fácil, pero hay que pensar cómo atravesar esa toxicidad.

La metodología estética

Me detengo un poco en el asunto de la verificación de datos. Personalmente, creo que se ha vuelto el único parámetro de lo verdadero. Y, definitivamente percibo que hay una obsesión con ese parámetro ahorita. Pero, lo que no hay son espacios que pongan de frente la evidencia; lo que impacta; lo que nos toca ver; lo que los comunicadores sentimos en el cuerpo. 

Para hacer estos espacios posibles, encuentro dos caminos: interpretar las evidencias y hacer muy explícito desde dónde estoy interpretando y el segundo, que nunca va a tener suficiente peso en el ámbito periodístico, es dejar que las cosas hablen por sí solas y dejar a la gente ver. Esto se parece más al arte. Por eso, pregunto: ¿cabrá la posibilidad de hacer de dominio público estos otros periodismos? Martina responde:

Yo esperaría que sí. Lo que habría que hacer es transparentar también la metodología; pero mucho más allá de lo técnico. Sería decir por qué fue esta la ruta que tomamos y no otra… Son dos cosas: tener una metodología más transparente. Y si se apuesta por un “solution based journalism” […] no hay que entregar productos cerrados; ni dar soluciones totalmente terminadas; pero sí pensar en abrir espacios para solucionar. Y debe haber formas muy chidas de presentarlo; de mostrar esa parte del proceso que es más interesante porque te involucra como comunicador.

Sería, pienso, el ejercicio de hacer evidente algo así como “la metodología estética”. Explicarle al lector ¿cómo te estamos haciendo sentir lo que te estamos haciendo sentir? Martina:

[…] Sí, a qué sensibilidad vamos a apelar. Eso no está transparentado. Pero sí hay una intención muy clara; porque al final, sabes que el dato no es el fin. En el periodismo, si no escribes con crónica puedes desapegarte de esa responsabilidad o no pensar que estás apelando a una sensibilidad con los colores que usas; con si decides usar infografías o fotos; poner primero datos o descripciones. Ahí hay un problema todo el tiempo. No se hace explícito, pero esas cosas sí se piensan.

[…] En las formas de contar claro que suceden cosas […] pero el nivel de discusión está en saber lo que quieres generar, pero no en entender que eso tiene consecuencias y preguntarse si valdría o no la pena hacerlo transparente. Habría en cada caso un límite diferente, pero hay que pensarlo.

Se me ocurre que, en algunos casos, transparentar esta metodología estética también le quita a las notas cierta magia o cierta posibilidad de incidencia. Martina me responde que de ahí la necesidad de no estandarizar formatos: “cada quien es responsable de cómo cura la información.”