La pregunta sobre si la función natural del arte es cuestionar las circunstancias y asumir una suerte de “responsabilidad social” nunca podrá cerrarse enteramente.

Aunque sí se podría afirmar que una obra de arte siempre está siendo crítica de su contexto; simplemente porque, al estar ahí —siendo un objeto que no cumple más funciones que las estéticas (y esto puede significar muchas cosas, pero lo dejaremos para otra pieza escrita)— la obra de arte pone en cuestión el estar ahí de todos los demás objetos y sujetos. Cuando le preguntamos a la obra de arte “¿para qué sirves?”, ella inmediatamente responde: “¿para qué sirves tú?”. 

En este cuestionamiento la obra se adelanta hacia el contexto por venir. No solo nos pregunta sobre nuestro estar el mundo; también señala nuestro rastro en el mundo e incluso pone en evidencia nuestra dirección: el sentido que nuestros actos toman y por lo tanto, las condiciones que están diseñando nuestro futuro. Algunas piezas son muy vocales en este ejercicio; otras, incluso, definen condiciones concretas para enmendar, mejorar o simplemente modificar el contexto.

El arte soñó con la pandemia 

Sin saberlo, mucha de la producción de arte contemporáneo se adelantó a imaginar nuestra sociedad pandémica. O por lo menos detalló cómo se vería nuestro mundo si, a la larga, muchas de sus cualidades se engrandecieran o solidificaran. 

El aislamiento social; la dependencia del sistema occidental a los medios de comunicación virtuales, y la digitalización de nuestras instituciones, por un lado. Por otro: la humanidad derrotada; el planeta recapturado por otras especies; la ampliación de la enorme brecha entre clases sociales; las sociedades consumidas por sus nuevos mitos (o teorías de conspiración); la escasez de insumos industrializados; la vuelta al campo; el colapso de los sistemas de salud; etc. 

Así, muchos nos preguntamos, ¿cómo está representado el arte nuestro presente? ¿Cómo lo está cuestionando? Y ¿cómo está diseñando las narrativas de nuestro porvenir? 

Hacia un arte sobre covid

El arte mismo, como sistema, está siendo cuestionado. Sus formas de producir, distribuir y consumir han cambiado drásticamente. Y casi todos los sectores relacionados con la producción de cultura están sufriendo un golpe devastador, del que será difícil recuperarse. El arte está mutando. 

Y no todos están hablando de la pandemia. Muchos están tratando de probar que su estilo y sus tópicos preferidos pueden sobrevivir no solo al aislamiento social, el cierre de galerías y museos y la crisis económica, también a la falta de atención de las audiencias y el sobreconsumo de información relacionada con el el nuevo coronavirus.

Y para quienes sí están hablando de covid 19, hay mucho que considerar. Escribe Megan O’Grady en este imperdible artículo para el New York Times:

Susan Sontag nos advirtió que no pensáramos y describiéramos la enfermedad metafóricamente, primero en su ensayo de 1978 “La enfermedad como metáfora”, inspirada en su propia experiencia con el cáncer, y luego en su seguimiento de 1989, “El SIDA y sus metáforas”. En ambos, ella aborda la acusación punitiva que aportamos al lenguaje que usamos para describir ciertas enfermedades y cómo atribuimos una laxitud moral a quienes las padecen (para Sontag, la misma palabra “peste” es una distorsión que sugiere una especie de juicio bíblico sobre la sociedad). 

Explica que la enfermedad representa los temores del día: en el caso del SIDA, que mató a 18,000 personas solo en los Estados Unidos, fue el miedo al sexo, particularmente a la homosexualidad. Los primeros días de Covid-19, “el virus chino”, como lo ha llamado nuestro desventurado presidente xenófobo, encajaron perfectamente con uno de los tropos favoritos de Trump, el miedo a los inmigrantes y los extranjeros. 

Las metáforas tienen una forma de despersonalizar, deshumanizar. Y, sin embargo, las metáforas nos ayudan a imaginar ideas abstractas. Albert Camus (“La plaga”, 1947), José Saramago (“Ensayo sobre la ceguera”, 1995) y, más recientemente, Ling Ma (“Severance”, 2018) han utilizado el contagio como una metáfora de irrevocablemente infeccioso del pensamiento represivo en masa. Para aquellos que encontramos difícil no pensar en Covid-19 como un juicio sobre la arrogancia estadounidense, [la enfermedad] es un ready-made metafórico.

Aunque, claro que estas reflexiones se concentran solo el caso de Estados Unidos. En Latinoamérica, las preocupaciones son otras. Sí, la arrogancia de la administración estadounidense y el poco cuidado que muchos de los gobernantes de ese país procuran para proteger a personas —nacionales y extranjeras— sí tiene fuertes consecuencias en este territorio. 

Pero el coronavirus en cada país refuerza la presencia de otras situaciones. Algunas entidades estatales han usado la fuerza contra los civiles para asegurar las cuarentenas; otras actúan sin consideración de las carencias económicas de quienes no pueden dejar de trabajar. Por su parte, los grupos delictivos y terroristas [de todo el mundo] han tomado sus propias medidas para erradicar la pandemia. Y hay problemáticas más sutiles, que parecen desechables, pero también dejan marca. 

Es inevitable para la redacción de este blog no pensar en TRES, el colectivo formado por Ilana Boltvinik y Rodrigo Viñas, en México. Su obra multidisciplinar y sus investigaciones siempre han estado concentradas en un objeto que, ciertamente, es atravesado por muchas energías: la basura. Declara Ilana en esta entrevista, publicada en Lado B:

Vivimos en una pulsión por el consumo. Compramos las cosas, las usamos y, luego, las tiramos. Pareciera una línea muy clara y, sin embargo, creo que el asunto no es tan lineal. En efecto, podemos pensar la basura como un excedente, como un resto, pero preferimos pensarla más bien como lo rechazado. Lo rechazado tiene que ver con todo aquello que no queremos ver porque irrumpe en el sistema en el que nos encontramos haciendo ruido, moviendo cosas y generando dudas, incertidumbres. […]

La pandemia está generando mucha basura. No solo la enorme cantidad de desechos sanitarios; tampoco pensando nada más en la inmensa variedad de contenedores desechables de comida o los empaques “higiénicos” de ciertos productos. Estamos hablando de la basura visual, simbólica y mediática: de todo lo que se descarta, se invisibiliza o simplemente no se significa en gran escala. Como ya es costumbre, en TRES ya se están planteando una pregunta periférica sobre la cuestión del coronavirus. Explica Ilana:

Pensamos que con el virus el contagio es unidireccional: él nos afecta a nosotros, pero no al revés. Yo, en cambio, quisiera pensar que también lo estamos afectando de algún modo. En otras palabras, el contagio cambia si se piensa como algo multidireccional, que afecta y es afectado en sentidos complejos. […] Creo que el papel que podría tener la investigación artística en una coyuntura como esta tendría que ver con contagiar esa curiosidad por el universo. Creo que la investigación artística está construyendo universos paralelos con los que podemos dialogar desde prácticas sociales diversas. Esa es una labor que podría tener el arte en momentos como estos: hacernos preguntas, reimaginarnos. Creo que se trataría de experimentar con otras formas de estar juntos, preguntándonos, claro, qué significaría eso de “estar juntos” ahora.

Tal vez el arte sobre covid podría apuntar hacia esos rumbos. El crítico y escritor de arte Andrew Russeth sospecha lo mismo. En esta nota esencial, publicada en Art Forum nos habla sobre el “Maintenance Art”, manifiesto en obra y texto por la artista Mierle Laderman Ukeles en las décadas de 1970 y 1980 que pone en evidencia la función vital del mantenimiento de nuestros modos de vida, a través de los trabajos de sanitización, reparación y servicio. Quienes “mantienen” las condiciones estables del mundo, son si duda esos que se hacen cargo de la basura y la restauración: los desechos inorgánicos, orgánicos, sanitarios, mortuorios, simbólicos y visuales. “Es tiempo del arte de mantenimiento”, escribe Andrew Russeth.

Pero ¿estamos “romantizando” la función del arte en esta pandemia?

Artistas, críticos, escritores, están poniendo en cuestión sus funciones. Incluso desactivando su necesidad de ser “productivos”. Y no son los únicos. “Productividad” será un concepto clave para narrar esta pandemia en el futuro. La productividad como un ideal o como una trampa del capitalismo. ¿Cómo me mantengo productivo?, nos preguntamos muchos. Pero ¿por qué debería de hacerlo? 

Estamos pasando por un momento clave en la historia. Un momento que va a modificar a todas las sociedades del mundo de forma permanente. Atravesamos un fenómeno que está colapsando economías. Estamos viviendo eventos muy difíciles de interpretar e integrar a nuestro imaginario cotidiano previo. ¿Por qué nos empeñamos en seguir produciendo? Y sí, también estamos “romantizando” la pandemia y sus cuarentenas. Solo para algunos este “tiempo extra” lo es tal. Solo para algunos hay posibilidad de producir y consumir arte. Pero, tal vez, ahora más que nunca es extremadamente necesario y ese “romantizar” es una forma de proteger este campo, ya de por sí frágil, porque en momentos como este parece inútil. Vamos a pasar, eventualmente a otros planos “productivos”. Vamos a tener que actuar frente al porvenir. Pero es vital detenerse a mirar cómo el arte comienza a esbozar este contexto futuro. Tal vez el consumo de este registro “en tiempo real” es prematuro. Pero el impulso no lo es.

Y a todo esto ¿cómo es el arte en la pandemia?

Artistas en cuarentena, audiencias abrumadas e instituciones que tuvieron que acelerar sus procesos de digitalización para mantenerse con vida, conforman un curioso ecosistema. Aquí algunos ejemplos interesantes o entretenidos:

Banksy vandaliza su casa

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Con una simpática intervención de su propio baño, Banksy es el ejemplo perfecto del artista que prolonga su estilo a través de distintas eras en la historia contemporánea. “Mi esposa odia cuando trabajo desde casa”, declara.

Olafur Eliasson impactando al cuerpo desde el terreno virtual

 

The Earth viewed over Yakutia, in Siberia, Russia de Studio Olafur Eliasson en Vimeo.


El artista es reconocido por incentivar la reflexión sobre temas políticos, sociales y ecológicos impactando el cuerpo y las sensaciones de los espectadores. Dadas las circunstancias se valió de un truco visual para hacer un llamado en el Día de la Tierra. “Earth Perspectives” propone que nuestra visión del mundo —incluidos los mapas y toda la imaginería en torno al planeta— son constructos alimentados por una sola perspectiva. Pero hay muchas otras miradas que estamos ignorando. No solo las de otros seres humanos, también las de los animales, las plantas y hasta los glaciares, ríos y montañas.

El museo virtual de Beijing

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El X Museum en Beijing estaba por abrir sus puertas, cuando se suscitó la contingencia. Por suerte, ya había comisionado al artista Pete Jiadong Qiang para crear un recorrido virtual por el recinto, muy al estilo de un videojuego. “Las exhibiciones virtuales tendrán su lugar en el futuro y la epidemia aceleró este proceso”, explica Pete Jiadong Qiang. 

La navegación es compleja, pero sí es muy estimulante. Hay una sensación distópica que acompaña la experiencia, especialmente, porque la exposición que está disponible ahora ya se estaba preguntando sobre un mundo donde la virtualidad y todo lo demás, se funden en una arquitectura “no limitada por las leyes de la física”, pero irremediablemente ancladas en ellas. Puedes explorar el X Museum virtual aquí

“How Can We Think of Art at a Time Like This?”

 


Art At A Time Like This es el nombre de un estimulante proyecto co-curado por Barbara Pollack y Anne Verhallen. Se trata de “una plataforma para el intercambio de ideas en estos tiempos de crisis”. Los artistas invitados tocan temas ligados una visión pesimista del futuro, la destrucción de los esquemas políticos presentes y con la psicosis. 

La descripción no es muy sexy, pero para la redacción de este blog ha sido extrañamente reconfortante explorar los panoramas más desalentadores desde un enfoque creativo y no solo desde las noticias o el eterno quejido que emana de Twitter. 

La “exhibición” siempre está cambiando, pues todos los días se incluyen piezas nuevas. Lo que se presenta no ha sido necesariamente articulado durante la pandemia y eso es muy interesante, pues demuestra cómo muchas producciones previas ya estaban narrando el mundo que hoy tenemos. La pregunta sigue abierta. ¿Qué mundo hay que narrar ahora?

Covid Art Museum

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Para empezar a responder a la pregunta, en esta cuenta de Instagram, que ya tiene más de 73 mil seguidores, podemos apreciar algunas de las ocurrencias visuales que brotan a manos de los creativos del mundo en estos tiempos. Las más de 1000 imágenes publicadas son un buen muestreo de los signos que se están afianzando para la posterior representación de este hecho histórico. 

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